
Ibiza
Madrid
En esta vivienda de Ibiza cuesta decir dónde termina la arquitectura y dónde empieza la carpintería. Cada pieza se fabrica para fundirse con el plano en el que vive: las puertas con los paramentos, los armarios con las paredes, el rodapié con la curva que lo sostiene. Un único color para toda la casa, y con él, una única superficie continua que la recorre entera. La mejor forma de comprobarlo es recorrer la casa desde la entrada.
Un panelado que esconde más de lo que enseña
Lo primero que recibe al visitante es un panelado lacado de suelo a techo que ordena la entrada. Lo que parece un único plano con juntas verticales guarda en realidad tres aperturas: una puerta de suelo a techo enrasada y dos armarios integrados en el mismo despiece, con idéntico plano y acabado. La manilla de acero es la única pista de que ese muro se abre.




El vestidor, en roble y con luz propia
Al cruzar la puerta del panelado se llega al dormitorio principal y, en él, al vestidor. Aquí se descubre la otra mitad del proyecto: si todo lo que mira a la casa se laca en el color de las paredes, lo que se abre para su dueño se resuelve en roble. Módulos abiertos, cajoneras de frente limpio y baldas con iluminación integrada que baña la ropa sin deslumbrar.
Nada en su interior viene de catálogo. Las barras de colgar se fabrican artesanalmente a medida, en forma de U y lacadas en negro.
La iluminación integrada acompaña justo la zona de barras, donde la ropa se busca y se elige.
Y en los cajones prescinden de tirador, el frente remata en un chaflán realizado expresamente para este proyecto, que resuelve el agarre sin añadir un solo herraje a la vista.

Nada en su interior viene de catálogo. Las barras de colgar se fabrican artesanalmente a medida, en forma de U y lacadas en negro.
La iluminación integrada acompaña justo la zona de barras, donde la ropa se busca y se elige.
Y en los cajones prescinden de tirador, el frente remata en un chaflán realizado expresamente para este proyecto, que resuelve el agarre sin añadir un solo herraje a la vista.






Dos baños, una misma encimera
Una puerta corredera de suelo a techo da paso al baño en suite. Se desliza sobre una guía oculta: tampoco aquí hay un carril ni un herraje que interrumpa el plano. Dentro, lo preside una encimera de roble macizo con forma redondeada, volada sobre la pared, que recibe dos lavabos. Bajo la encimera, una repisa a juego incorpora luz led integrada.
La madera se tiñe y barniza expresamente en un tono elegido pieza a pieza con el cliente: ni el color del roble se deja al azar.





En el aseo de cortesía, la fórmula se concentra: un solo lavabo sobre roble, espejo redondo y papel pintado que aporta el contrapunto gráfico.

El pasillo, la misma idea puerta a puerta
De vuelta al pasillo, el proyecto se deja leer completo de una sola mirada. Las puertas se suceden lacadas en el mismo NCS que las paredes y rodapiés, de suelo a techo, con bisagras ocultas y sin cercos que las recorten. La carpintería no compite con el espacio, lo continúa. La misma idea, contada en cada puerta.
El resultado se nota más de lo que se ve: los recorridos ganan altura y las estancias se encadenan sin interrupciones.

Armarios que se leen como pared
El pasillo lleva después a la segunda habitación, donde un armario de suelo a techo lacado en el mismo NCS comparte tono, plano y despiece con la puerta de paso contigua. Frentes lisos, juntas alineadas, ningún tirador a la vista: el mueble, cromáticamente, es la pared.
También aquí una puerta corredera de suelo a techo repite la solución de la suite: lo que en otro proyecto sería una excepción, en este es la norma.





El rodapié que se curva
De camino a la zona de día, la casa enseña su pieza más discreta. Una de las paredes describe una curva, y el rodapié la sigue. Es una pieza que casi nadie mirará dos veces, y por eso mismo resume el proyecto: cuando la carpintería está integrada de verdad, no interrumpe la arquitectura. La curva, además, no muere en sí misma: abre el paso a la cocina.









